This entry was posted by Fernando Sánchez on 16 octubre 2011 at 9:03 and is filed under General. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

La Acrópolis de Atenas
Incluso para los atenienses, la contemplación de la Acrópolis sigue resultando impresionante, a pesar de que el tiempo, la guerra, los terremotos y la contaminación han deteriorado la colina sagrada y su gran joya, el Partenón, uno de los monumentos de la antigüedad más importantes de Occidente.
Desgraciadamente, muchos de los monumentos han sido expoliados o destruidos a lo largo de los años o se encuentran en museos, por lo que han sido reemplazados por réplicas. Pese a ello, si uno va a Atenas, debe acudir a la Acrópolis como cita inexcusable.
Habitada desde el Neolítico, la Acrópolis fue utilizada como fortaleza y lugar de culto. Luego, se construyeron varios templos en homenaje a la diosa Atenea. Tras la destrucción de los edificios por los persas en el 480 a.C., Pericles puso en marcha un ambicioso programa de reconstrucción que la transformó en una magnífica ciudad de templos.
La entrada al conjunto se realiza por la puerta y el monumento de Beulé, construidos en el siglo III a.C., para frenar las sucesivas oleadas invasoras. Más alla se encuentran los Propileos (437-432 a.C.), la antigua entrada monumental a la Acrópolis.
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