This entry was posted by Aniko Villalba on 11 febrero 2012 at 15:03 and is filed under General. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Instantáneas de un pueblito azul
Hay lugares que son especiales por algo: por sus templos (por ejemplo), por su comida, por su arquitectura, por su historia, por sus celebraciones, por su naturaleza. Y después está Chefchaouen, que es un pueblito de Marruecos famoso por su color: el azul.
Chefchaouen tiene unos 45 mil habitantes, está ubicado en la ladera de una montaña y está dividido en dos: la parte “moderna” y la medina. Pero la magia, como en todas las ciudades marroquíes que conocí hasta ahora, está en la medina. Aunque esta, a diferencia de la de Tanger, Tetouan y Fes (de la cual escribiré próximamente) es extremadamente silenciosa, inmóvil y tranquila. Podría decirse que es una medina tímida y relajada.
Chefchaouen (que significa “mira los picos”, por su cercanía a dos montañas) nació como base de las tribus berber en el siglo 15. A fines del 1400, el asentamiento creció gracias a la llegada de refugiados judíos y musulmanes de Granada. Ellos construyeron las casitas blancas de techos rojos, pero fueron los judíos quienes le dieron el toque azul a las paredes, allá por 1930.
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